Archivo diario: 05/02/2015

No criticarás.

Por Karina Suárez

Café con mi amigo imaginario” V

Una mis metas personales es vencer el mal hábito de juzgar o criticar a los demás. Aunque parece una elección privada, al intentarlo diariamente deja de ser algo individual para convertirse en una mejora social. De lograrlo, ese efecto tendrá un impacto importante en mis hijos y en mis nietos y en sus hijos y en las próximas generaciones. Mi lucha para ser una persona mejor se convertirá en un legado hereditario para todos los que me rodean.

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No criticarás.

Una muchacha con el pelo teñido de azul se forma en la fila para comprar un café. En sus delgados brazos se pueden apreciar un sinnúmero de tatuajes, desde el punto donde termina la manga de la camiseta hasta donde porta su reloj. Ella no habla con nadie, simplemente está esperando su turno para pedir algo de beber. Un poco más atrás en la fila puedo apreciar a otras dos mujeres que hacen gestos de desagrado por la apariencia de la chica. Incluso emiten algún comentario que al final resulta mucho más dañino y molesto que la actitud de la muchacha.

Todos nos sentimos con el derecho a juzgar. Hasta el momento no conozco ser humano alguno que haya logrado  evitar emitir su “opinión” sobre la vida de otra persona. Hay quienes además emiten calificaciones – más bien  descalificaciones  – en el modo de ser, parecer y hacer ajeno.

Definitivamente un juicio o crítica negativa e infundada hacia los demás es una forma de violencia y de control social. Sin embargo y pese a esto, desgraciadamente hacerlo se ha convertido en una especie de deporte, un pasatiempo y ritual que nos llena de endorfinas y al que se le invierte un tiempo y energía (física, mental y emocional) importante en los intercambios sociales y personales.

Uno de los grandes problemas de esta práctica es cuando se plantea desde una postura existencial que eleva al criticón a un nivel superior a aquel al que se critíca. Una especie de “YO estoy bien pero TÚ estas mal”. Esa línea de pensamiento a la acción con una soberbia y omnipotencia que denota una gran sensación de inferioridad.

El francés Jean Cocteau decía que no se debe confundir la verdad con la opinión de los demás. Como seres humanos que viven dentro de una esfera de miedos y sombras, la mayoría de las veces otorgamos un peso innecesario y destructivo a los juicios que los demás emiten sobre nosotros. Es verdad que dejamos de hacer muchas cosas (y hacemos muchas otras) para cubrir las expectativas de otros.

Debemos considerar que los juicios y críticas nos afectan (tanto si soy emisor o receptor de ellos): Las víctimas de un juicio llegan a sufrir consecuencias como baja autoestima o problemas de adaptación. El miedo a la crítica puede ser determinante en nuestra vida, modificando nuestro actuar para satisfacer aquello que otros consideran como una “verdad” mejor para los demás. ¿Quién nos puede decir, objetivamente, qué es la verdad?

La verdad de cada quien depende de cada quien. Sin embargo, si uno quiere ponerse filosófico, hay que considerar a la ética como un factor universal que va más allá de las razas lenguas y formas. Nuestras conductas pueden ser constructivas o destructivas. Lo simplificaré diciendo que todo lo que construye suma y todo lo que destruye resta. El problema radica en que para alcanzar un punto universal donde la ética sea aplicada por todos los humanos es necesario crear conciencia y liberarnos de pensamientos de superioridad (de cualquier tipo) que actúan como espejismos mentales. No es sencillo.

Según la filosofía budista, el deseo humano básico de evitar el sufrimiento se manifiesta, entre otras situaciones, cuando buscamos proyecciones propias en las conductas de los demás. En “los otros” veo todo aquello que no acepto de mí. Ahí puedo juzgar y criticar todo lo extraño, lo incómodo y lo inaceptable, sin sufrimiento personal, conformándome con el reflejo de lo malo y no tomando acciones para responsabilizarme de mis propias conductas. Una forma fácil y segura de depositar todo aquello que me resulta amenazante  en los demás. Así crítico, juzgo y destrozo a las personas. Un comportamiento que se vuelve adictivo y, a la larga, destructivo.

En una ocasión escuché a una persona hablar de lo mucho que le molestaban las actitudes de indecisión en las personas, haciendo hincapié y jactándose sobremanera de su habilidad para tomar decisiones rápidas, acertadas y exitosas – descalificando y desacreditando a las personas que tardaban en tomar una decisión. Lo curioso es que con el tiempo y después de una profunda toma de conciencia ante la situación, descubrió la enorme responsabilidad que sentía al tomar decisiones rápidas y la envidia que le provocaba la tranquilidad y pasividad de las personas que se lo llevaban con más calma. Su proyección personal y la crítica que emitía estaba relacionada con lo que anhelaba – tranquilidad y pasividad. A partir de ese momento, se dio cuenta de que si se lo proponía podía lograr actuar igual, siempre y cuando aceptara la responsabilidad y decisión personal para hacerlo.

Si logramos tomar nuestras proyecciones como una oportunidad de cambio podríamos trascender de la cómoda crítica personal a la trascendencia impersonal. Como dicen en la psicología GESTALT “lo que me choca me checa”. Y de acuerdo con esas cosas que nos molestan – las proyecciones negativas que vemos en los demás – podemos obtener una guía y una brújula que nos oriente hacia la dirección en la que debemos comenzar, transitar y trascender.

Te propongo un ejercicio para evitar la crítica. Toma un trozo de papel y anota de cinco a diez actitudes que no soportes de los demás. En el otro lado de la hoja, anota de cinco a diez actitudes o conductas que te molestan de ti mismo y que desearías eliminar. Cuando termines compara las listas y te darás cuenta de que son muy semejantes.

Pregúntate si cuando críticas a alguien hay señales de envidia, no rechaces la idea, te puedes llevar una sorpresa. No olvides que “así como es afuera es es adentro” y viceversa.

Nos vemos por aquí en dos semanas.

Karina Suárez.

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Cuando te sientas tentado a criticar a alguien, detente un momento y analiza si en verdad es válida la crítica, si ambas partes obtienen algo positivo. El filósofo griego Aristóteles decía que si no quieres ser criticado no hagas nada, no pienses nada, no digas nada, no seas nadie. Piénsalo dos veces.

Veremos.

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Si tú, lector, lectora, tienes alguna sugerencia, duda, pregunta, comentario o situación sobre la que quisieras que Karina escriba, (recuerden que es especialista en temas de salud e higiene mental) puedes enviarla a heroismoagonizante101@gmail.com – Siéntanse en confianza de proponer temas, expresar inquietudes y hacer preguntas, muchas preguntas. Ya saben que para eso estamos. Garantizamos el anonimato de quienes lo soliciten. Esperamos tus correos.

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