Pues permítame narrarle, amigo, amiga, que el sábado pasado fuimos al Museo de Arte Carrillo Gil, ubicado al sur de la ciudad de México. El museo es, de entrada, hogar de la obra de artistas de talla mundial. En su colección permanente hay trabajos de Diego Rivera, Alfaro Siqueiros, Rodin, Nishizawa y Gerzso. Vale la pena – mucho – darse una vuelta para admirarlos.
Como mero comentario, tengo que contarles que me enamoré de una serigrafía de la artista y curadora cubana Sandra Ceballos, titulada “Examen psiquiátrico – autoanálisis”. Y no sé como, ni cuando, pero vamos a tener una copia de tal colgada en nuestra pared algún día. Los esperamos en la casa para que la admiren – y mueran de envidia.
Pero la intención principal de la visita. La razón por la que hicimos la travesía hasta el céntrico sur de la ciudad – Av. Revolución, esquina con Altavista – fue darnos una vuelta para “echar un ojo” (cuatro en este caso) a una exposición temporal ubicada en el tercer piso del edificio.
Seguramente, lector, lectora, usted ha podido ver, en algún lugar, en algún momento, el famoso cartel “No más sangre”. Sobre la pared de mi escritorio, colocado de manera tal que siempre que levanto la vista lo tengo que ver, hay una copia que me regaló mi mujer. Ahora que lo pienso, creo que fue una muestra de humor negro.
El autor intelectual de esa imagen – desgraciadamente – tan popular es Alejandro Magallanes, uno de los diseñadores gráficos e ilustradores mexicanos más prestigiosos de hoy. El mismo Alejandro Magallanes que, desde el 1/o de junio y hasta el 2 de septiembre, expone “Siempre di Nunca”, en el Museo de Arte Carrillo Gil.
Un concepto – o muchos, dependiendo del visitante – que incluye fotografías, poesías, videos, esculturas y dibujos ideados por don Alejandro. La música también fue una sorpresa para mi (ya lo verán, ya lo verán).
Albóndigas amigables, piñatas destrozadas, arte urbano, relojes sin tiempo, diseños primigenios y muchos, muchos dibujos transmiten al visitante una mirada irónica y “humorística” del mundo y la vida cotidiana.
Cada una de las obras expuestas es una invitación a la apertura mental, donde el observador puede (por no decir “debe”) dar una explicación – ya sea lógica o ilógica – a lo que ve. Las explicaciones lógicas aquí son una cuestión intrascendente.
Humor ácido, salado, dulce y escatológico – con muchas “S”s, pues. Tristeza por evocaciones a la muñeca fea de Cri-Cri, por la destrucción de lo que amamos, por la interiorización de lo ajeno y la separación de lo propio. Eso es lo que nos ofrece la exposición “Siempre di Nunca”.
Y yo, lector, lectora, se la recomiendo grandemente. Si no le gusta, no pague (pero vaya en domingo). Apúrele, que se va. Se va. El 2 de septiembre se va….
Veremos.

