La Retórica de lo Trivial XXXIX Por Rogelio Rivera Melo
Crónica de un Paseíllo Sabatino…
Siempre me asombro cuando en algún lugar público veo a una mamá sufrir por el comportamiento irreverente de su “pequeño”. Yo tengo cuatro. Ellos me han adoptado como su papá. Por que el padre es de los hijos, no al revés. Y nos hemos acostumbrado a salir los cinco solos.
Nos gusta ir a museos y a parques. Al cine y a comer. O quedarnos en casa a jugar, leer o platicar. El mayor tiene 12 años, luego están Daniel, de diez, Regina de ocho, y Josué, de casi dos. Imagine usted, lector, lectora, las grandes aventuras que hemos vivido.
El sábado pasado pasé a recogerlos a su casa a medio día. Ya estaban listos, ansiosos diría, para “la calle” – como dice Josué. “¿Qué haremos, papá?” – pregunta Daniel (el curioso del grupo). “Pues nos lanzamos a lo desconocido, ¿no?”. “¡Sí!”
Chamarras para todos – la lluvia no cesaba. Bolsa de implementos para el menor – usted sabe, los pañales y las mamilas son imprescindibles si uno quiere mantener el equilibrio emocional propio. Cámara fotográfica. Y mucha buena disposición…
¿Cómo mantener a cuatro niños pequeños en el vehículo mientras se dirige a “lo desconocido”? Jugando. Nombramos a un copiloto, el mayor, que se sienta en el sillón del acompañante. Su tarea, manejar la radio. Luego, tenemos a un navegante. El nos irá leyendo los letreros y dará las indicaciones de la ruta. El “load-master”, encargado de la carga, que supervisa que todo esté en orden en el asiento trasero. Y “la carga”, amarrado en su silla de bebé. Él va cantando y bailando al ritmo de la música. Como verá todos tienen una función específica y cada uno ayuda al piloto, su servidor. No están permitidos los motines a bordo.
“¿A dónde vamos?”, pregunté a la tripulación, una vez instalados en el transporte. Varias ideas… a una plaza comercial, a un mercado sobre ruedas, a caminar en el centro de la ciudad. “¿Y si vamos a un museo?” Decidimos ir al de Historia Natural.
El museo de Historia Natural está ubicado en la 3/a. Sección de Chapultepec, entrando por la avenida de Constituyentes. Es un museo viejo. Yo recuerdo haber ido cuando tenía la edad de Regina. Y sigue igual. Pero la emoción de ver maquetas de planetas, animales disecados, el esqueleto a tamaño natural de un saurópodo y mucha ciencia, es una experiencia maravillosa. Sobre todo para los niños. Pero yo la disfruté en grande.
Una foto familiar con el oso polar disecado que está a la entrada… Caminar por entre las fuentes que están en el patio del museo… perdernos en las salas sin poder hallar la salida… Josué imitando a los pingüinos. Regina tratando de besar a una gacela. Roy analizando la biología comparativa entre los embriones de diferentes especies. Y Daniel por ahí… viendo todo y nada.
¿Cómo controlar al grupo en espacios cerrados con mucha gente? Cargo en brazos a Josué. Regina y Daniel me toman del cinturón, uno a cada lado. Roy marcha enfrente. Nadie se separa. Se establece un protocolo de seguridad por si alguno se pierde, en dónde nos veremos y a quien acudir para pedir ayuda. Es divertido. Mucho.
Salimos del museo cuando nos avisó el policía, “Se está cerrando la sala”. A ninguno nos hacía gracia quedarnos atrapados entre animales disecados. Así que mejor nos apresuramos.
Ya alimentados de conocimientos, nos dirigimos a saciar nuestro apetito de algo comestible… Fuimos a comer. Tacos árabes. Con su respectiva agua de Jamaica. Una verdadera delicia.
De ahí a la casa. A descansar después de un largo día de investigación y convivencia familiar… Al día siguiente habría comida familiar, de esas épicas, así que era tiempo de dormir.
Lector, lectora, si usted tiene hijos pequeños, o no tan pequeños, lo invito a que invierta uno o dos días al mes para visitar un museo. Parecerá poco tiempo, pero la cantidad no supera a la calidad. Tome fotos, muchas fotos. Láncense “a lo desconocido”. Uno nunca sabe las riquezas que se puede encontrar en lugares comunes y corrientes.
Y si no tiene hijos, hágalo con su pareja, sus amigos, o en solitario. La vida, dice mi amigo Sergio, es la sucesión de instantes. Pero hay que buscar los mejores. Y si no llegan, entonces habrá que crearlos, ¿no cree?
¿Usted que hizo en su fin de semana? Cuéntenos. Queremos saberlo todo.
Mientras tanto… Veremos.

los motines…. Que chido!
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jajajajaja me he divertido mucho con esta entrada jajajajaa parece que los veía en el auto jajajaja no inventes jajaaja… cuéntanos que pasa cuando hay motines !!!
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