Fragmento del Ensayo
«SOBRE ALGUNAS FUNCIONES DE LA LITERATURA», de Umberto Eco.
Nosotros solemos creer que el mundo es un libro «cerrado» que permite una sola lectura, porque si hay una ley que gobierna la gravitación planetaria, o es la ley justa o es la equivocada; con respecto al mundo, el universo de un libro nos parece un mundo abierto. Ahora bien, intentemos acercarnos con sentido cumún a una obra narrativa y comparemos las proposiciones que podemos enunciar al respecto con las que pronunciamos al respecto del mundo. Del mundo, decimos que las leyes de gravitación universal son las que enunció Newton, o que es verdad que Napoleón murió en Santan Elena el 5 de mayo de 1821. Y, aún así, si tenemos la mente abierta, estaremos siempre dispuestos a revisar nuestras convicciones, el día en que la ciencia enuncie una formulación distinta de las grandes leyes cósmicas, o el día en que un historiador encuentre documentos inéditos que prueben que Napoleón murió en una barca bonapartista mientras intentaba la fuga. En cambio, con respecto al mundo de los libros, proposiciones como Sherlock Holmes era soltero, Caperucita Roja es devorada por el lobo pero luego es liberada por el cazador, Ana Karenina se suicida, seguirán siendo verdaderas toda la eternidad y jamás podrán ser refutadas por nadie. Hay personas que niegan que Jesús fuera el hijo de Dios; otras llegan incluso a cuestionar su existencia histórica; otros sostienen que es el Camino, la Verdad y la Vida; otros más consideran que el Mesías todavía tiene que llegar; y nosotros, pensemos lo que pensemos, tratamos con respeto todas esas opiniones. Pero nadie tratará con respeto al que afirme que Hamlet se casó con Ofelia o que Superman no es Clark Kent.
Fragmento del libro «SOBRE LITERATURA», Umberto Eco, Ed. DeBols!llo, 2005
