De Museos y Amores.
Durante el fin de semana pasado asistí a un par de museos. Aquí les comparto algunas de las sesudas reflexiones que fueron pasando por mi mente.
Ir a un museo es una decisión que uno debe tomar consciente y cuidadosamente – cada quien va a donde quiere ir, y se elige el tipo de arte que desea ver – de acuerdo con sus preferencias e intereses.
Una vez que uno se encuentra en el museo y ha comenzado a admirar las obras que se exponen ahí, influye mucho la personalidad de uno en la forma en que el arte se va apreciando. Un cuadro es un cuadro. Pero el autor tenía una idea determinada sobre lo que quería representar. A lo que se añade la manera en que el espectador ve – o quiere ver – de acuerdo a su propio bagaje personal, intelectual y artístico.
En ocasiones una obra puede ser de una sencillez básica – completamente elemental. Otras veces, los trabajos poseen una sutil complejidad que les añade un aura de atracción. Y unas más, son tan incomprensibles que el observador solamente puede intentar desvelar las intenciones reales del autor. Es ingenuo categorizar la importancia de una obra por la dificultad que representa su comprensión para el espectador.
Hay museos de barrio – donde se exhibe lo mejor de la cultura popular – y hay museos de talla internacional donde se exhiben obras impresionantes por su magnificencia y la influencia que han tenido, históricamente, sus autores o los propios trabajos. Al igual que en el párrafo anterior, no creo que el arte que creó J. López sea de menor categoría que el que S. Dalí logró. El arte no es cuestión de importancia – es cuestión de expresión.
Lo que si es importante, al menos para mi, es pensar que siempre se puede intentar aspirar a más. Como espectador, como artista, como persona. Lo repito, “Un cuadro es un cuadro”, pero la diferencia entre uno y otro, y otro más, es el gusto que uno siente cuando lo ve colgado en una pared. Imagine una obra en la sala de su casa. ¿Con cuál sería usted feliz si la viera ahí?
Y ahora, al escribir esto, me doy cuenta que las relaciones de pareja son tan parecidas a la apreciación del arte.
Veremos.

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