LA RETÓRICA DE LO TRIVIAL III. Por Rogelio Rivera Melo.
¿Qué hacer con ese arrepentimiento?
Todos hemos hecho o dicho cosas en la vida de las cuales, tarde o temprano, nos arrepentimos. O peor aún, NO HEMOS HECHO O DICHO COSAS y luego nos sentimos con una carga de remordimiento por no haber actuado de cierta manera.
Cuando escribí sobre “Aprender a pedir” (https://heroismoagonizante101.wordpress.com/2012/03/16/la-retorica-de-lo-trivial-i-7) inevitablemente tuve que reflexionar sobre todas esas cosas que no aproveché por no saber hacerlo. Como podrá imaginar la lista fue larga. Experiencias educativas, opciones laborales, situaciones familiares, económicas y sociales. Debo reconocer que me invade un efecto de pena por no haber aprovechado todo aquello que dejé pasar por falta de experiencia.
Lo anterior me lleva a una sensación casi nueva en mi repertorio de conciencia. El arrepentimiento – esa emoción que experimentamos cuando creemos que nuestra situación actual podría ser mejor (o más feliz), si hubiéramos hecho, o no, algo en el pasado. (Ojalá hubiera aceptado cuando mi padre me ofreció pagarme la carrera, en lugar de estudiar becado por el gobierno).
La filosofía popular siempre nos dice que “Las cosas sin remedio no deben causar remordimiento. Lo hecho, hecho está”. Lo cual es un arma de dos filos. Por una parte, es una “defensa” cultural creada para evitar el peso de la penitencia autoimpuesta. Pero de hecho, una de las características de la sociopatía es la incapacidad para sentir remordimiento. Acepto que hasta ahora había tratado de vivir sin aceptar el arrepentimiento en mi vida. Pero no quiero convertirme en un sociópata.
Creo que si queremos ser humanos funcionales debemos aprender a vivir con el arrepentimiento. No podemos negar lo que está sucediendo o lo que sucedió. Decir “esto no está pasando” es un pretexto infantil que utilizamos antes de pasar al castigo impuesto por uno mismo. Las malditas culpas que surgen por haber hecho o no haber hecho algo… Esas cargas que vamos pagando como abonos chiquititos- poco a poco, durante años – agotan nuestro capital emocional; tristemente, también lo hacen con el de las personas a nuestro alrededor. Si negamos lo que hicimos mal, terminaremos pagando facturas por culpas (imaginarias o no).
Creo que no es posible vivir sin alguna clase de arrepentimiento. Ese no es el punto. Pero si aprendemos a amar las cosas imperfectas que hemos creado, a reírnos de nuestros errores – lo sé… a veces ese humor tiene tintes de negrura – y a darnos tiempo para aceptarlas, es seguro que logremos perdonarnos por haberlas hecho.
Como dijo Kathryn Schulz en su libro Being Wrong, “el arrepentimiento no es un recordatorio sobre lo mal que hicimos las cosas – es un modo que tiene la vida para mostrarnos que podemos hacerlas mejor”.
Veremos.
