Archivo mensual: octubre 2019

Las gallinas de Jasper.

Jasper es un buen tipo. Vivía muy feliz con su esposa en una casa de Malinalco. Pero tuvo la grandiosa idea de volverse criador de gallinas.

Pudiendo comprar de esas aves por todos conocidas, la gallina ponedora común europea, el nuevo granjero decidió comprar una subespecie japonesa conocida como “Silky”.

Las japonesas son gallinas bonitas. Su plumaje es sedoso – de ahí su sobrenombre “silky”, del inglés “silk”-“seda” – y esponjoso, lo que les da el aspecto de señoras envueltas en sendos abrigos de plumaje blanco o negro, con un gran tocado sobre sus cabezas.

Pero ha resultado que además de “bonita”, es una raza a las que más cuidado se les tiene que poner a la hora de su crianza. Jasper ha tenido que aprender – sobre la marcha – sobre el negocio de ser criador de pollitos que parecen pelotas de plumas que revolotean por todos lados.

Los pollos que compró ya no son solamente “los pollos”. Ahora son “sus pollitos” a los que hay que alimentar, vigilar, pasear, vacunar, arropar y cuidar.

Los debe proteger de los elementos, de los perros, de los gavilanes, de los insectos y de las enfermedades.

Jasper ha tenido incluso que defenderlos de los propios parientes que han manifestado la intención de un buen pollo asado. Y es que Jasper es un buen tipo. Ya encariñado con ellos, ha decidido que sus pollos serán mascotas y no alimento.

Para mi, la historia de Jasper es una hermosa metáfora de la realidad de convertirse en el emprendedor, en el artífice, en el creador:

Uno cree que está preparado para todo, que ha estudiado suficiento o que visto el número adecuado de videos de YouTube o que el conocimiento que se tiene bastará para que las cosas salgan tal como se han previsto. Pero las cosas nunca salen como se ha previsto.

Y la historia de Jasper me recordó el cuento “Las Gallinas” del escritor español Rafael Barret:

“Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz.

Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.

La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario”.

Jasper ahora tiene que encontrar una manera de resolver mil problemas que no tenía antes de volverse criador de raros pollos japoneses.

Quizá, con el tiempo, deje de jugar a los granjeros para convertirse en un gran productor de pollos Silky. O quizá no. Solamente él lo sabe.

Pero Jasper es un buen tipo. Estoy seguro que encontrará la solución a sus problemas. Y de eso se trata la vida. De enfocarse en hallar la solución a los problemas que se nos van presentando, sin rendirnos. Sin amargarse, envenenarse ni dejarse vencer por los retos que van llegando.

Con pollos o sin ellos.

Veremos.

* * * * * *

Texto: Rogelio Rivera Melo.

Foto de los Silky Pollos: Jasper.

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